domingo, 1 de abril de 2012

Se me había olvidado por completo qué era una domingo por la mañana. No recordaba la sensación de un despertar sin despertador, ni de comenzar a plantearte a los 15 minutos de remoloneo colchonil qué cojones haces hoy con tu vida.
Es por eso que me dio esa sensación de ingravidez momentánea que te producen los Deja Vù, y que te traen viejos olores a tostadas quemadas y mantequilla derretida, y de quien las preparaba para los cuatro.
Quiero pensar que son señales de andar recto de vez en cuando. Yo. Que no creo en nada.


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