Me doy miedo. No miedo del de mirar debajo de la cama con la habitación apagada, ni del de te espero detrás de la puerta y te grito. Miedo del otro. Del que te va agarrando poco a poco el estómago. De ese que cuando piensas en él te sientes como si sin darte cuenta tu siguiente paso te tira de cabeza al precipicio.
Me da miedo que me dé miedo. Que me dé miedo la gente q se acerca al templo azteca en el que me he convertido, lleno de trampas, flechas de curare y bolas de piedra gigantes que ruedan por pasillos en cuesta abajo.
No me dan miedo los que se quedan fuera haciendo sacrificios, me dan miedo los que quieren entrar. Me dan miedo los que se engañan por la fachada y buscan el camino correcto para evadir las trampas.
Quizás me da miedo que entren y no encuentren lo que están buscando. Quizás me da miedo que se lo lleven de nuevo.
Por si acaso sólo veo pelis de risa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario