miércoles, 11 de enero de 2012

Pastilla roja.

Nunca se va. Todo hay q reconocérselo, se esconde de puta madre. Tanto que, aunque sabes a ciencia cierta q sigue ahí, terminas olvidándolo y volviendo a sonreir. Hasta el punto de llegar a preguntarte si de verdad alguna vez existió.
 Y es ese momento el que llevaba esperando desde hacia años. Ese momento en el que la fuerza de la gravedad tira inexpicablemente de tus hombros hacia abajo, en el que las manos que te tocan parecen congeladas y las palmaditas en el hombro te generan una sonrisa políticamente correcta en la que sepultar tus instintos asesinos. Cuando la falsedad de todo lo que te rodea se convierte en números verdes que caen en cascada y dejas de ocultarte en un rincón de tu mente en posición fetal y tapándote los oídos.
Entonces señala.
Y tú asientes, como si de verdad en algún momento de tu vida de verdad lo hubieras asumido.
Pero no lo has hecho.


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